
La resistencia de la Iglesia Argentina
Frente a una crisis social que ahoga a los sectores más vulnerables, la Iglesia Católica Argentina y el Papa León XIV se consolidan como el último dique de contención moral ante el avance de un individualismo extremo. La disputa por la organización de la visita papal no es un mero desacuerdo logístico, sino el reflejo de un gobierno anarco-colonialista que intenta invisibilizar la pobreza encerrando al Santo Padre, mientras la institución eclesiástica exige abrir las plazas para que el clamor del pueblo sea finalmente escuchado.
Por Oscar Dufour | (*)
La inminente llegada de León XIV a la Argentina programada para el próximo mes de noviembre, no es un viaje pastoral más: es la crónica de un choque inevitable entre dos visiones del mundo que hoy se disputan la legitimidad social en el país. Lo que debería ser una fiesta de fe, se ha transformado en el escenario de una soterrada pero feroz pulseada política entre la Iglesia Católica Argentina y el gobierno de Javier Milei, exponiendo una grieta que va mucho más allá del protocolo.

En el centro de la discordia se encuentra el dolor del pueblo argentino
Desde el púlpito, la Conferencia Episcopal ha dejado de lado los eufemismos diplomáticos. Obispos y arzobispos -con monseñor Marcelo Colombo y Jorge García Cuerva a la cabeza– se han convertido en la caja de resonancia de una realidad acuciante:
«Miles y miles de hogares sumergidos en la pobreza, asfixiados por un brutal endeudamiento familiar simplemente para comprar alimentos o pagar los servicios básicos».
Para la Iglesia, que camina diariamente los barrios más vulnerables, la frialdad de las «planillas de cálculo» y la premisa oficial de que la gente «se tiene que arreglar sola», no son un plan económico válido, sino una forma de crueldad social.
Esta profunda divergencia ideológica ha detonado un choque frontal en torno a las desencontradas intenciones para la organización de la visita papal:
Por un lado, el Gobierno nacional ensaya una estrategia de contención. Bajo la rigurosa bandera del «no hay plata», la Casa Rosada no solo ha limitado al mínimo el financiamiento del evento, sino que presiona para arrinconar a León XIV en espacios cerrados. Detrás de la excusa logística se esconde el temor político: el oficialismo busca evitar a toda costa las postales de multitudes en las calles que puedan transformarse en masivas protestas contra el ajuste, o que el paso del Sumo Pontífice actúe como un catalizador del descontento popular.
La resistencia de la Iglesia Argentina. Por el otro, la Iglesia resiste y puja por actos masivos al aire libre en puntos emblemáticos como Buenos Aires, Luján y Córdoba. Para los obispos, el Papa debe estar donde siempre perteneció la Iglesia:
«Junto a su pueblo, en la plaza pública, abrazando a una sociedad herida por la crisis».
No es un capricho litúrgico, es la defensa de la doctrina social de la Iglesia frente a lo que consideran una «teología de mercado» que deshumaniza la pobreza.
La tensión está al rojo vivo
Mientras el presidente Milei estrecha lazos con otros cultos y mira con desconfianza la estructura católica local, la jerarquía eclesiástica debe hacer malabares financieros para costear una infraestructura que el Estado le niega.
En noviembre, León XIV pisará suelo argentino. La gran incógnita de los próximos meses no es si el Papa se reunirá con Milei en la Casa Rosada bajo el frío rigor del protocolo, sino quién ganará la batalla por el espacio público: si el Gobierno que busca invisibilizar el clamor popular, o la Iglesia que pretende «abrirle las puertas de la calle al pastor con olor a oveja» siguiendo el camino de nuestro amado Francisco.

Conclusión
Intentar acallar la voz de la Iglesia y recluir a León XIV en el anonimato de los recintos cerrados es un error político de una miopía histórica alarmante.
En su afán por proteger las frías verdades de la macroeconomía, el Gobierno de Milei confunde la legítima defensa de la dignidad humana con la oposición partidaria. La Iglesia no busca desestabilizar; busca humanizar. Al negarse a financiar la infraestructura básica y pretender confinar al Papa para evitar la foto de la multitud descontenta, la Casa Rosada solo demuestra su temor a mirarse en el espejo de la realidad social.
En pocas semanas más, nuestro Papa León XIV caminará junto a su Pueblo porque la fe y el dolor de los argentinos no se pueden clausurar entre cuatro paredes. Al final del día, la legitimidad de un modelo no se mide en el superávit presupuestario, sino en su capacidad para no desamparar a los que menos tienen, una premisa de Justicia Social que la Iglesia sostendrá firmemente, con o sin el aval del poder de turno.
Los que quieran oír… que oigan
(*) Oscar Dufour es escritor, periodista y ensayista Argentino. Presidente © Grupo Agencia del Plata. Columnista de medios internacionales. Vicepresidente de la Asociación de Periodistas de Moreno – Provincia de Buenos Aires.
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