El Gobierno de Milei dejó acéfala la red que atiende a 4.000 bebés por año, echó a los siete profesionales especializados que coordinaban las urgencias. El programa funcionaba desde hace 15 años y articulaba la atención en centros de distinta complejidad en toda Argentina.


 

Milei desmanteló el Programa Nacional de Cardiopatías Congénitas: «Es literalmente la muerte de bebés que esperan una cirugía de corazón para vivir».

 

El Gobierno nacional decidió desarticular el Programa Nacional de Cardiopatías Congénitas (PNCC), una política sanitaria creada en 2008 para coordinar la atención y derivación de niños con estas afecciones. La decisión incluyó la no renovación de los contratos de los únicos siete profesionales hiperespecializados que integraban el equipo técnico responsable de su funcionamiento.

Los expertos integrantes del programa -Guillermo Conejeros Parodi, Paula Campana, Carlos Fernando Rosental, Silvina Rosellot, Mariana Fernández, Tomás Schwaller y María Eugenia Olivetti- fueron notificados de manera verbal o mediante un mensaje en el que se les informó que “usted NO se encuentra contemplado en el proyecto de acto administrativo de renovación para el período 2026”. El resto del equipo dio por finalizado su vínculo laboral.

 

El PNCC recibía notificaciones vinculadas a unos 4.000 bebés que nacen cada año con cardiopatías congénitas, de los cuales aproximadamente el 50% requiere intervención quirúrgica. A través del Sistema Integrado de Información Sanitaria Argentino (SIISA), el equipo evaluaba cada caso y gestionaba la derivación a centros acordes a su nivel de complejidad.

 

La decisión generó inmediatas reacciones en el ámbito sanitario y político. El médico y diputado nacional Pablo Yedlin señaló en redes sociales: “El programa nacional de cardiopatías congénitas creado en 2008 y con ley desde 2023, permite que los más 4000 bebés que nacen con ellas (…) lleguen al centro de complejidad que necesitan. Desmantelarlo es ilegal y otro error del Ministerio de Salud de la Nación”.

 

 

Durante su funcionamiento, el PNCC articuló una red de 15 centros categorizados en todo el país. “Si el chico estaba en Salta y era de baja complejidad, se quedaba en la provincia; si era de mayor complejidad se le buscaba algo en Córdoba o Tucumán, y si no, se lo traía a Buenos Aires”, detalló Conejeros. También remarcó que el equipo intervenía para estabilizar a pacientes que no contaban con diagnóstico prenatal en sus provincias de origen.

 

Según datos del propio programa, se realizaban cerca de 800 cirugías anuales y se recibían más de 6.000 notificaciones por año. Además, se incorporó la atención a embarazadas y el diagnóstico de cardiopatías fetales. En 2023 se sancionó la Ley Integral de Atención del Paciente Cardiópata, aún sin reglamentar, que garantiza la cobertura más allá de los 18 años.

 

Tras la desvinculación del equipo técnico, el programa quedó reducido a seis empleados administrativos y un director del Hospital Garrahan en carácter de asesor. “Funcionábamos las 24 horas, los 7 días de la semana, todo el año”, sostuvo Conejeros, y agregó que “los que más se perjudican no son los pacientes de los grandes hospitales, sino quienes no tienen acceso a una atención adecuada en el lugar donde viven”.

En este contexto, el colectivo Cardiocongénitas Bonaerenses difundió un comunicado elaborado por los profesionales que dejaron el programa, en el que afirmaron: «Esta medida no constituye un acto de abandono, sino de resistencia ante el vaciamiento de una política de Estado que ha garantizado el derecho a la salud de miles de argentinos». En el mismo texto advirtieron que la desvinculación del equipo técnico implica «riesgos directos e inmediatos», como el «aumento de la mortalidad infantil y adulta», la demora en derivaciones y cirugías, y la ruptura de la Red Federal de atención.

 

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